Todo en la casa cambió, las cosas que normalmente mi mamá y yo hacíamos, todo, era mal visto por Victor, las costumbres tuvieron que cambiar a cómo le parecía mejor.
Además de los celos enfermizos que poseían al hombre, sus borracheras y peleas; no se si llegó a golpear a mamá, eso nunca lo vi, pero no me parecería raro enterarme de eso ahora, sus discuciones eran muy, muy horribles; y yo, siempre defendía a mamá recibiendo insutos del tipo cada vez que lo hacía.
El era divorciado también y no me resuta muy complejo imaginar las razones de su ex mujer para querer separarse. Tiene dos hijos mayores que yo y un perro que tuvo que dejarles cuando se fué de su casa; por lo que cuando le pedi un perro a mamá el no tuvo problema en comprarlo, al parecer le gustaban bastante. Mi primer perrito, se llamaba Loly y era un cocker negro de lo más lindo, que me hacía compañía todos los días mientras me la pasaba sola en casa esperando a que mamá llegara a las 10 de la noche del trabajo cuando aún Victor no vivía con nosotras.
El infierno que Victor me hizo vivir no quisiera recordarlo, pues mi niñez se rompió una y cada vez que mamá me dejaba sola con él en casa. No es tan díficil de adivinar.
He tenido que tomar mucha terapia para poder siquiera tocar el tema.
Esa parte me gustaría dejarla a un lado, pues obligué a mamá a sacarlo de la casa, amenazándola en irme a vivir con mi abuelita si él no se iba, cosa que le costó unas semanas.
Sin embargo ella seguía viéndolo, y lo peor, en nuestra casa. Los domingos que iba de visita con papá, ella lo invitaba y me daba cuenta por la infalible botella de Coca-Cola que aparecía en el bote de basura, casualmente cuando regresaba por las tardes.
Meses después de peleas con mamá, logró librarse del tipo que, aún, seguía llegando en las noches borracho, a cantar afuera de la casa.
El muy vengativo me quitó a mi perro un día que salió a pasear a la calle. Ahí se fué lo mejor y lo peor de mi vida en ese tiempo, pues sin hermanos, ni compañía alguna, con ese perro pude escapar jugando de lo que el monstruo dejó de la niña de 12 años que era. Ese perro fué testigo de lo que pasaba, mi desahogo; y me lo robó vilmente.
Cuando se fué, yo ya estaba en la secundaria en donde tuve algunas amigas, y pocos amigos, algunos "novios"... Mi personalidad de volvió temerosa, llena de deseo de aceptación; no tenía problema en agradarle a la gente ni me iba mal pero no fue la mejor época en el transcurso de mi vida.
En casa lo que hacía era salir de vez en cuando con una niña, se llama Reyna. La conocí gracias a mi perro Loly.
En una ocasión, caminábamos por la Unidad (Habitacional, en donde vivimos) y vi de lejos un chico, cabello un poco largo, estilo Beatles, no muy alto, moreno claro. Me fascinó, no creo en el amor a primera vista, pero si en la fascinación.
Quise conocerlo como loca, me dormia pensando en él y nisiquiera sabía su nombre.
Un vecino de Reina me lo presentó, su nombre: Alan.
Comenzamos a conocernos, salíamos casi todos los días. Eran vacaciones de verano y nos llegamos a mojar con la lluvia varias veces, no queríamos entrar a nuestras casas.
Creo que lo que no nos dejó entendernos fué la edad; él estaba a punto de cumplir 18 y yo tenía 13 años. Una diferencia abismal cuando se es tan inocente, dentro de lo que cabe. En ese momento jamás me importo esa diferencia, lo amaba (claro que no sabía lo que era amar).
Era más que evidente que yo no tenía ni idea de lo que significaba amar a alguien, ni siquiera sabía besar. El me enseñó.
Un día, me decidí a hacerlo mi novio, a decirle que no quería que fuera de otra, sino mío. Cuando se lo dije, me contestó que el no estaba listo todavía para empezar una relación de nuevo pero que ibámos a estar juntos, sólo los dos, pero novios no, lo nuestro sería "diferente".
Ahora me río de esto, esa es la frase más usada, y la que jamás había escuchado hasta ese entonces... Claro que estuve dispuesta a eso, no me importó, sólo quería tenerlo de alguna manera, la que fuera.
Iba a buscarme a casa casi todos los días, y yo estaba cada vez más enajenada con él.
Dicen que la primera vez nunca se olvida, y para mi esa fué mi primera vez. La verdad que fué muy bello. No me quejo de nada, ni me siento mal por las circunstancias, que simplemente no tomé en cuenta por estar cegada.
El ya era un muchacho que sabía que terreno pisaba, sabía que era mi primera vez (porque sí lo fue, para mi no hay hombre anterior a él, por salud mental) y sabía que yo era una niña, literalmente, de 14 años. El sabía lo que hacia y no se detuvo, no sé por qué, aún asi, fué de lo más educado siempre, jamás me hizo arrepentirme de nada, lo cual le agradezco mucho.
¿Se preguntan cómo terminó? Una chica se metió entre nosotros, su ventaja: ser más grande que yo, vivir sola sin padres que obedecer. Se fueron juntos a Veracruz dos días, me enteré por casualidad. Terminé con él cuando volvieron.
Noches lloré por él, noches en que me quedaba dormida llorando.
No me recuperaba aún, mi luto no había terminado cuando conocí a Yuualli, el Victor de mi vida.
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