agosto 03, 2010

Recuerdos de una niñez rota (1)

Esto que estoy a punto de contarles no coincide conmigo, con lo que soy, con lo que la gente a mi alrededor conoce; no parece ser mi historia, pues hasta mi familia piensa que la razón de que no sonriera en las fotos era debido a los brackets; y mamá, la única persona que conoce a medias la verdad, sólo la ignora y finge que nada ocurrió nunca.
Mamá es una año más grande que Papá, y cuando estaban jóvenes eso no era tan relevante, mi mamá nunca compredió que necesita una mente más madura que sepa lidiar con la suya, en fin. Ella tenía 27 años cuando nací, en 1990, en el hospital de Zaragoza, en México.
Mi memoria tiene un alcance de 18 años, más o menos, y los primeros recuerdos son, a decir verdad, muy agradables en todo sentido. Puedo recordar mi casa (y con esto me refiero a la casa de mi abuelita Vicky, la que considero el hogar mis de travesuras, risas y berrinches), mi familia, mis amiguitos del Cendi (lo que era un simple kinder), algunas maestras sin rostro pero con personalidad bastante bella, juguetes, situaciones, infinidad de lugares, sabores y olores que hasta ahora me remontan cosas lindas o desagradables, dependiendo de que lo que recuerde con ellos...
Pero a partir de mis 3 años, las cosas empiezan a parecer dificiles. En 1993, mis papás decidieron separarse (no divorciarse). Tengo sólo la versión de mamá, pues mi papá tiene un carácter un tanto extraño, no suele tocar temas incómodos y cuando lo hace es superficialmente.
La versión cuenta que la separación se debió a problemas económicos (que raro), que mi papá perdió el trabajo y mi mamá trabajaba todo el día, dejándolo a mi cargo; cuando papá encontraba trabajos, no le paracecían lo suficientemente buenos para él y los dejaba como si nuestra situación estaviera para eso. Entre otras cosas, esto desencadenño muchas peleas, de las que sólo recuerdo una y simplemente regresé a mi cama y fingí dormir.
Así, viví sola con mamá, que cayó en depresión y, creo, aún sigue en ese estado, ella le llamaba estar "enferma de los nervios". Su enfermedad hacía que se comportara muchas veces de forma muy extraña, se enojaba muy fácilmente y siempre estaba irritada; me pegaba seguido y la verdad, a veces le tenía miedo.
Yo pensaba que era normal, que las todos eran así y era muy tímida, no me era fácil saludar a la gente (recordemos que tenía 4 o 5 años) o que las personas me agradaran.
Tenía miedo de que mamá me dejara también, pues creí que mi papá lo había hecho, tal vez inconcientemente, ya que mamá me decía que aunque no viviera con nosotras, él iba a ser siempre mi padre y eso no cambiaría, me llevó a algunas terapias... Sin embargo empezé a llorar en la puerta del Cendi en las mañanas para que mamá no se fuera a trabajar.
No recuerdo cuánto tiemo pasó para que mi papá pudiera verme los domingos y le empezara a dar pensión alimenticia a mi mamá; ella conserva esos recuerdos de falta de "apoyo" por parte de él, el dinero siempre ha sido un problema entre ellos.
Se divorciaron años después. Pero una persona, que recordaré el resto de mi vida, ya había aparecido para ese momento: Victor.
Victor es maestro de primaria, como mi mamá. Como ella es madre soltera, cuando yo era pequeña tuvo muchos empleos para salir adelante, seguía trabajando todo el día.
Mi abuelita Vicky iba por mi a la escuela y me llevaba con ella a su casa, en donde vivían mi abuelito y mis tíos, a quienes amo muchísimo.
Mi abuelita siempre ha sido bastante rara, su vida tampoco ha sido muy normal que digamos, pero ¿De quién si? Sólo que, a pesar de ser madre de siete, no tiene mucha idea de cómo lidiar con niños de generaciones distintas. Para castigarme me decía que el diablo vendría por mi para llevarme al infierno y alguna vez me hizo leer la biblia para estudiar el catequismo ( ¡A los 6 o 7 años!); en fin, no soy nadie para juzgarla.
Mi mamá trabajaba en una escuela diurna, en las mañanas es primaria, y en las noches también, con la diferencia que imparten clases a personas adultas que no pudieron completar sus estudios. Ella daba clases en las tardes-noches y Victor también. No se si salían a escondidas pues no me dí cuenta nunca de que salían hasta que él se subía al coche de mi mamá, prendía un cigarro y la besaba, empezó a visitar a mamá borracho por las noches y le cantaba canciones afuera de la puerta, claro que yo no me daba cuenta de que esta ebrio, ni si quiera sabía qué cosa era el alcohol.
Poco tiempo después mi mamá le permitió vivir con nosotras (su primer GRAN error). Siempre he pensado que mamá tiene una necesidad extrema de compañía, y la busca incansablemente, permitiendole a sus parejas, muy aprsuradamente, hacer cosas, tomar decisiones o complaciendo exageradamente las necesidades de ellos, haciéndolos unos holgazanes del amor; los maleduca, por decirlo de alguna manera.
Victor no era una persona muy cuerda, pero los excesos que se dieron la libertad de tomar, tanto él como ella, fueron el detonante para una relación horrible, que duró años.

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